El otro día soñé que eras un superhéroe. Tenías poderes y no tenías miedo en demostrármelo. Era un sueño y ya sabes lo que hacen a la memoria cuando despertamos. No recuerdo si volabas, si leías mentes, si eras de hierro. Sólo tengo la reminiscencia de que lo eras, de que eras un superhéroe y que a mí me fascinabas, todavía más, al descubrir algo más, al sentir que todavía quedaba un mundo de cosas tuyas por aprender.

Al despertar no pude evitar encogerme en mi cama y transformar mi cara en una sonrisa. No pude evitar sentir que yo también tenía poderes. Porque si algo entendí del sueño es que todavía me fascino descubriéndote y sé que queda en ti un mundo por descubrir y que seguirá revolucionando mi mundo.

Y mi poder, si te lo preguntas, te parecerá quizás absurdo. A lo mejor ni lo consideras poder como tal. Pero para mí lo es. Porque todavía me sorprendo de que tus ojos se cruzaran con los míos. Todavía me siento afortunado de que quieras caminar a mi lado. No hay un día en el que no me alegre de que tu mundo y el mío se hayan encontrado.

Mi súper poder es lo que siento a tu lado. Sentir que todo merece la pena. Sentir que podemos llegar a cualquier parte. Contigo puedo hacer las fantasías de mi mundo realidad. Y por eso te sueño de esa forma. Deseo hacer las tuyas realidad.

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Publicado el 28 de junio de 2016 en Personal. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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